La La Land

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Cultura
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Es imposible que no sepas de qué va esto. Tras incontables semanas y me atrevería a decir que varios meses, me he sentido –seguramente tú también- bombardeada con publicidad de la nueva película de Damien Chazelle, La La Land, La ciudad de las estrellas. Pero si te paras a pensarlo un momento, tenía que ser así. Tras el éxito cosechado por Whiplash, ganadora de tres Oscar y alabada por la crítica, y el furor que profesa el público hacia Ryan Gosling y Emma Stone, la película tenía todas consigo para arrasar. Y, después de haberla visto, coincido que las críticas positivas hacia este film son totalmente comprensibles. 

¿Qué ocurre? En realidad no es bueno ver una película con las expectativas tan altas. Cuando te bombardean de publicidad todo comienza a perder esa aura mágica y emocionante que tiene lo nuevo e inexplorado. Cuando todo el mundo está muy pero que muy pesado con algo lo aborreces antes de tiempo. 

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Así, con un extraño cóctel de sentimientos enfrentados te presentas a ver una película que realmente no sabes de qué va pero que supuestamente es maravillosa. Perfecto. En silencio reúnes varios datos: los críticos cinematográficos aman el film y tú amas a Ryan Gosling. Nada puede salir mal. Pues te equivocabas. Todo sale mal.

La La Land se presenta como un musical hollywoodense -de los que ya no se hacen- pero ambientado en la actualidad. La historia es sencilla. Un clásico, vaya: chica conoce a chico y tras unos curiosos incidentes, se enamoran. Papeles perfectamente interpretados. Emma Stone da vida a Mia, una joven que sueña con ser actriz. Ryan Gosling es Sebastian, un músico frustrado que quiere vivir tocando lo que realmente el quiere, lo puro. 

Dejando atrás la escena inicial, el nudo de la película es algo lento pero visualmente mágico. Todas y cada una de las escenas, el color, el vestuario y , por supuesto, las canciones son perfectas. Pero en sí, La La Land es como un cubo de agua fría en verano. Te gusta porque hace calor, incluso lo estabas deseando, pero luego cuando lo piensas, te arrepientes. No querías recibir ese cubo porque te ha dejado empapado, molesto y llega un momento que deja de ser divertido.

La La Land, la ciudad de las estrellas

La La Land es algo que se necesitaba. Es fresca y resucita el abandonadísimo género del musical. Pero una vez que la has visto, que has recibido ese cubo de agua fría tan frío, casi preferirías haber ido en contra de la cultura de masas que te empujaba a ir al cine. 

Sí, La La Land es un film hecho por y para los soñadores. Y puede que los soñadores que han crecido con películas Disney donde todo es bonito, maravilloso, los personajes cantan y todo acaba bien, sientan que está película es suya y nadie puede decirles lo contrario. De hecho, ya han bautizado al film de Chazelle como la película de los millennial, la conocida generación agitada, la que quiere triunfar con sus ideas, recorrer el mundo y contarlo, ser famoso en YouTube y la que busca esa pareja que no es pareja con la que vivir apasionadamente pero sin ningún tipo de atadura.

Sencillamente, Mia y Sebastian tienen expectativas, sueños e ideales. Él quiere abrir un bar de jazz, ella quiere ser actriz, ambos quieren triunfar. Vale, pero todo no se puede. La La Land te dice que tienes que elegir. Que no puedes tenerlo todo y tienes que ¿sacrificar? una parte. Que una decisión cambia el resto de tu vida y nunca jamás de los jamases vas a saber si era la decisión correcta o la mejor decisión que podías tomar. Una lucha por lo verdadero, por disfrutar el día a día y vivir el momento. Y que los finales felices, las canciones, las cosas bonitas, las sonrisas y todo tipo de maravillas están en Hollywood. 

No obstante, no es más que una película. 

¿Lo mejor? Puedes revivirla siempre que quieras con su banda sonora. Ten cuidado porque engancha. 

 

 

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